
El señor feudal japonés nunca había visto a una persona negra, por lo que pensó que estaba cubierto de betún y le pidió que se limpiara ante su presencia. Llegó incluso a ordenar que lo desnudaran y le frotaran la piel para comprobar que su color natural era “negro como el carbón”. Otra cosa que le impresionó fue su sorprendente altura de alrededor de 6 shakys y 2 sun (medidas japonesas equivalentes a 1,88 metros), y su contextura física (“es fuerte como un toro” decían las crónicas de la época).
Posiblemente el sirviente africano no fuera un esclavo sino un hombre libre que se desempeñaba como guardaespaldas del padre Valignano y que posiblemente hubiera nacido en Mozambique, desde donde fue llevado a Europa por tratantes portugueses o árabes antes de ser liberado por el religioso. Sudán y Etiopía también fueron señalados como sus tierras de nacimiento. Su nombre nativo o el que le daban los jesuitas no se conoce. Sin embargo, en una emisión de 2013 del programa de televisión japonés Descubrimiento de los Misterios del Mundo se sostenía que probablemente su nombre original fuera Yasue y que perteneciera a la etnia makua (de Mozambique y Tanzania). Al momento de llegar al Japón tendría entre 20 y 30 años.
Para el escritor marfileño Sergio Bilé, Oda Nobunaga practicaba artes marciales y era admirador de la cultura europea, llegando a vestir sus ropas. Rápidamente se sintió fascinado por el visitante africano, por lo que decidió tomarlo como kashin (vasallo), le dio el nombre japonés de Yasuke y lo instruyó en el Bushido (código de ética de la casta samurái). Habiendo ganado la confianza de su señor, comenzó a ascender como guerrero hasta obtener el título de Samurái. Yazuke es el único africano -y acaso el primer extranjero- del que se tenga noticias que integró las fuerzas de elite japonesas y llegó a ser conocido como el “Guerrero de Ébano”. Sin embargo su carrera militar duró solo tres años.
Por entonces Japón transitaba el periodo que luego se conocería como Azuchi-Momoyama (1568-1603) que sucedió al periodo Sengoku, caracterizado por la guerra civil entre los señores feudales, y que sentó las bases para el periodo Tokugawa (1603-1868) de unificación nacional. De hecho el nombre de este periodo proviene de Azuchi, castillo principal del damiyo Nobunaga, y del Castillo de los Fushimi-Momoyama.
En 1582 Nobunaga lanzó una campaña de unificación del Japón bajo su mando. Yasuke participó en la Batalla de Tenmokusan en contra del clan Yakeda. Sin embargo su señor resultó traicionado por el general Akechi Mutsuhide, que lo acorraló en el Templo de Honno-ji en Kyoto y le prendió fuego. Encerrado en una habitación en llamas, decidió practicarse el seppuku o hara kiri clavándose un puñal en el vientre y pidiéndole a Yasuke que lo decapitara con la katana que luego debía entregar a su hijo y heredero Nobutada. Esto era una muestra de la confianza que le tenía.
Yasuke se reunió con Nobutada y combatió una vez más. Ante la derrota, su nuevo señor se suicidó igual que su padre. El guerrero africano fue hecho prisionero, pero el general rebelde le perdonó la vida por su lealtad y porque al no ser japonés no estaba obligado a cumplir con sus tradiciones, aunque lo despojó de su rango de samurái.
Sin señor a quién servir ni cargo militar, Yasuke regresó al Templo de la Orden de los Jesuitas en Kyoto y su historia posterior es desconocida. Algunas fuentes dicen que regresó a África, aunque esto ya forma parte de las suposiciones.
Autor: Luciano Andrés Valencia para revistadehistoria.es
Bibliografía: * G.M.; Abel; “Yasuke, el samurai africano: de paje a guerrero de elite”, Nathional Geographic, Yasuke, el samurái africano (nationalgeographic.com.es) , 18 de mayo de 2020
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